LA AUSENCIA DE UN AMOR

Domingo 4 de diciembre, 2022

Se me hacía complicado todo lo que me decía. No lo entendía completamente, su voz era como si se desvaneciera. No creo que alguien más la haya podido escuchar como la escuché yo, eso también era obvio.

Pero fue algo espontáneo. Su voz sonando, el sol pasando y el viento rozándome. Fue como si así lo hubiera querido realmente. Nunca imaginé poder sentir algo similar hasta ese momento en el que me pasó lo que me pasó.

Y no, yo nunca esperé nada al ir a ese lugar. Si te pudieras imaginar las tumbas como las estaba viendo aquella tarde, seguro que no te atreverías a entrar en el cementerio. Pero no podía irme sin despedirme, nadie dijo jamás cómo murió, simplemente supe que murió y ya. Supongo que eso le daba ese toque místico a todo lo que me ocurría. Porque no creo que haya sido otra cosa, esta superstición que me invadía y yo tratando de mantenerme escéptico hasta el último momento.

Las velas continuaron encendidas, podías verlas estáticas, como si la cera nunca se terminara de derretir. Fueron muchas cosas, sí, las que hicieron tan memorable aquella visita.

Cuando pude sentarme, después de vagar por todo el recinto en busca de su placa sentí una mano posándose en mi hombro. Era relajante. Casi, casi, podía sentirla apoyada en mí. Tal vez fue eso o, tal vez, fue sólo el cansancio. Daba igual lo que fuera, importaba más todo lo que estaba sintiendo, y estaba sintiendo mucho.

¿Será que la extraño? Me preguntaba, ¿o será que me provocaba pavor el desconocer su causa de muerte? Y no lo entendía completamente. Sólo me hallaba allí, sentado en su tumba, mirando fijamente a esa pequeña foto que su familia había puesto en la placa.

Yo también había llevado una foto, era vieja, muy vieja, pero la tenía de recuerdo. La saqué del bolso, la contemplé y hablaba mientras acariciaba su silueta en el papel. Le decía que todo hubiera resultado diferente si me hubiera hecho presente en su vida. Me inventaba excusas para calmar la soledad que estaba sintiendo. Y era extraño que yo me sintiera solo, pues siempre había estado solo, lo que sí sentía era la ausencia de alguien a quien amaba y eso me provocaba todas aquellas emociones de soledad.

Le decía. Qué abismo el que siento desde que me enteré de tu muerte, los primeros años no quise creer que era cierto, de veras que no quería creerlo. imaginé que aquellas noticias eran fruto de alguna pelea y se había esparcido como chisme por la ciudad, no creí que realmente hubieras muerto.

Le decía mientras me despedía soltando pequeñas lágrimas.

Y ahora que lo escribo me pregunto si me habrá escuchado, o si siquiera habrá sabido de mí en todos aquellos años de ausencia. Quisiera saber, al menos, si mis palabras se las llevó el viento. Aunque igual fue mucho más lo que dije por dentro que lo que le dije aquella tarde. Habrá pensado que yo estaba triste, o me habrá sentido así. Porque tiempo después pasé por las calles de San Salvador de Jujuy y una de esas mujeres de la calle tomó fuertemente mi mano y dijo que yo emanaba una pestilencia de tristeza. Me gritó que yo era un miserable, y cuánta razón tenía. Me sentía miserable porque un pedazo de mi pasado se me había sido arrancado y yo nunca me había dado cuenta hasta que me di cuenta.

Si tan sólo su familia se hubiera acordado de mí, del chico al que ella no quería. Y si tan sólo me hubieran invitado formalmente al funeral, tal vez, hubiera podido despedirme de su cuerpo y no hubiera tenido que despedirme de su espíritu, como hago ahora.

No conseguí, en su momento, y no lo consigo entender ahora, el por qué de todo lo que ocurrió. En mi mente siempre hay un culpable para todo, y a veces me siento responsable de su suicidio. No sé qué tendré que ver yo, si hace media década no nos veíamos, pero igual siento que parte de la culpa es mía.

Igual, al final, no dije nada a nadie y nadie me dijo nada. Fue un fuego secreto que se apagó y nadie vio cuándo se encendió, así como esos árboles que caen en la nada y nadie se entera. Eso fue mi amor, así fue como lo sentí. Ni ella, ni nadie lo supo. Y llegará el momento en que también se borre de mi memoria, y al fin nadie lo sabrá.



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  1. Fuente: https://docs.google.com/document/d/10udKLDKnrelnlofzQKzgyIIUdFRi1AY7en_LvwyntdI/edit?usp=sharing

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