El proceso de organización y el conflicto con las organizaciones estudiantiles externas
Sábado 6 de diciembre, 2025
Hola, mi nombre es Axel N. Inca, actual administrador de varios grupos de la carrera de Licenciatura en Ciencia Política. Escribo esto para dejar un registro fiel de mis experiencias dentro de la institución y de los conflictos que surgieron con otros espacios estudiantiles.
Desde el principio, mi ingreso a la carrera estuvo marcado por la desorientación. Me inscribí saliendo del secundario, en un momento donde ya no había más carreras abiertas y tuve que decidir rápido, condicionado por mis posibilidades económicas y por la falta de alternativas. La Licenciatura en Ciencia Política ofrecía un formato virtual y eso fue lo que más me atrajo. Sin embargo, acceder a la información era prácticamente imposible: no había grupos, páginas, perfiles, ni estudiantes organizados que orientaran. Lo único disponible era una subpágina de la UNJu con un enlace escondido hacia la Escuela Superior de Ciencias Jurídicas y Políticas, que ni siquiera aparecía en Google. Para finales de 2022, ni siquiera existía aún la propuesta de Abogacía. Todo era un terreno desordenado y aislado.
En 2023, ya inscripto gracias a averiguarlo todo por mi cuenta, conocí el Rectorado de la Universidad Nacional de Jujuy y participé del curso de ambientación. Recién ahí surgió un grupo de WhatsApp entre los ingresantes. Yo me involucré explicando lo que había encontrado por mi cuenta: el Estatuto de la UNJu, la Ley de Educación Superior, el Reglamento de Cursado. Así fue como pasé a ser uno de los administradores. Con eso también llegaron los primeros problemas: personas ajenas infiltradas, filtración de información hacia docentes que después nos hacían llamados de atención, y la total ausencia de estudiantes avanzados que nos orientaran. Decidimos votar para actuar, y por dos votos positivos, más el mío, y una abstención, se me confió la tarea de retirar a quienes ponían en peligro la integridad del grupo.
Esa experiencia fue decisiva. En mi año no existían organizaciones estudiantiles que ayudaran de forma eficiente. La única que aparecía era un grupo de WhatsApp paralelo de Franja Morada, completamente abandonado. Sus administradores no aportaban información concreta y dependían de un discurso de “saber” que nunca lograron sostener. Con el tiempo, ese espacio quedó descartado y nosotros seguimos funcionando con varios administradores, intentando construir una forma colectiva de tomar decisiones.
Mi primer año definió mi visión sobre la carrera. Sin acompañamiento, sin guía y con apenas un grupo de Facebook administrado por un único estudiante —que mantenía todo en privado— aprendí que nada funcionaría si dependía de una sola persona. Esa fue una de las razones por las que decidí crear un nuevo grupo de Facebook, que con el tiempo se convirtió en el más consultado, especialmente en 2024, cuando permitió que muchos ingresantes encontraran información que antes resultaba inaccesible.
Durante las Jornadas Intercátedras 2023, aproveché el permiso de las organizadoras para imprimir folletos que diseñé a último momento, porque no existían canales oficiales que informaran a los alumnos. La página de la Escuela no se actualizaba y sus redes estaban abandonadas. Esos folletos los repartí no solo en el evento, sino también en instituciones de mi ciudad, para que estudiantes del secundario conocieran la carrera virtual y pudieran sumarse.
Con el tiempo, y ante la ausencia de espacios de comunicación oficiales, una estudiante comenzó a organizar un grupo de WhatsApp para ingresantes 2024. Yo apoyé la iniciativa, la difundí y participé, pero pronto aparecieron conflictos ideológicos. Terminamos expulsados quienes no coincidíamos con ciertas posturas, y aquellos que tenían miedo de hablar, por temor a correr la misma suerte, terminaron censurados y obligados a permanecer en ese grupo. Esa situación fue una lección dura. Poco después surgió otra organización, “Frente Universitario de Ciencia Política”, que funcionó de la misma manera: al expresar diferencias, también fui apartado.
Frente a eso, un grupo de estudiantes cansados de estas prácticas decidió organizarse conmigo para formar un espacio diferente. Diseñamos un reglamento que garantizara que los grupos siempre estarían abiertos, que no funcionaríamos como estructura de militancia, que la prioridad sería la formación del estudiante y no su obediencia política. Así nació formalmente Estudiantes de Ciencia Política. Desde ese momento dejé de lado cualquier sentido de individualismo: publiqué resúmenes, apuntes, clases grabadas y todo el material que yo mismo producía y vendía (por solicitudes) para que todos tuvieran acceso, incluso aquellos que en el pasado me habían atacado.
Actuar distinto tuvo sus costos. Empezaron a llegar reportes contra mis redes, y mis perfiles de Facebook —con los que administraba el grupo principal— fueron eliminados. Mis canales de YouTube, que tenía desde la adolescencia, también desaparecieron. Pero ese golpe no destruyó el espacio porque habíamos aprendido de la experiencia: nunca debía haber un único administrador. Gracias a los otros miembros, el grupo sobrevivió y continuó funcionando aun cuando yo ya no podía estar presente.
Sin embargo, entre las responsabilidades de estudiar, trabajar, mantener la página, lidiar con enfermedades y recibir malas noticias, mi salud terminó por quebrarse. Pasé gran parte del segundo año con diagnósticos vinculados al estrés, hasta que finalmente terminé el año en un estado crítico.
En 2025, los estudiantes se encontraron con un grupo de WhatsApp administrado lo suficiente como para mantener la armonía, una web actualizada y una biblioteca básica que hacía que muchos se sintieran acompañados. Pero yo no estaba bien. Decidí ausentarme de la carrera, perdiendo mi trayectoria perfecta, y me dediqué a buscar paz. Aun así, seguía lidiando con los problemas derivados de la universidad: no podía tener perfiles a mi nombre, no podía publicar contenido teórico, y lo único que me quedó fue ayudar a mis compañeros hasta dejar todo listo para mi retiro. Me fui a otra institución y allí también puse mi esfuerzo, mi tiempo y mi dedicación para ayudar, ahí conseguí verdaderos amigos con los cuales retomé las fuerzas que necesitaba.
Cuando volví a la Licenciatura en Ciencia Política hacia el final de 2025, me encontré con una organización estudiantil llamada Acción Colectiva Universitaria (CS Jurídicas & Políticas). Ya había aparecido años antes, pero nunca con un rol administrativo real. Regresé con ideas para reorganizar nuestra página central, hacerla más atractiva y abrirla a la nueva carrera de Abogacía. Pero entonces me enteré de que este grupo estaba difundiendo una “biblioteca” que en realidad era solo una carpeta de Google Drive, organizada mediante reuniones presenciales que parecían más un gesto político que un aporte académico. Muchos de sus integrantes eran personas que reconocía de otros conflictos, así que decidí no asociarme.
Mi intención inicial fue coordinarnos: que ellos me brindaran documentación y yo la integrara en la biblioteca que estaba rediseñando. Pero la comunicación fue imprecisa y noté que no había voluntad real de integrarse a un sistema abierto. Yo buscaba liberar el acceso; ellos parecían buscar protagonismo.
Cerca de fin de año decidí ayudar a un grupo de amigos que se preparaban para el examen de ingreso a Abogacía. Armé una biblioteca completa con lo poco que pude conseguir y, aunque me costó mucho recopilar esa información, logré organizar un material que se convirtió en un documento fundamental. Lo compartí en un Meet donde querían estudiar, recibí muy buenas reacciones y me sentí entusiasmado. Acordamos volver a encontrarnos, pero la condición que puse fue que fuera un espacio abierto, porque creo firmemente que la apertura permite que se unan las personas correctas y se formen grupos de estudio más eficientes. Funcionó, al menos al inicio.
En ese encuentro compartí la invitación con el grupo de Acción Colectiva Universitaria (CS Jurídicas & Políticas), pensando que podía ser útil para los ingresantes que tenían allí. Pero al hacerlo, me expulsaron y eliminaron mi mensaje. Lo confirmé porque algunos amigos entraron a observar qué había pasado. Esa acción desencadenó lo que veníamos evitando desde hacía tiempo.
Mientras ellos compartían sin restricciones en los grupos que nosotros habíamos creado —aprovechando que yo nunca censuraba a nadie—, su expulsión hacia mí puso en evidencia la desigualdad: ellos podían usar nuestros espacios, pero nosotros no podíamos participar de los suyos. Eso llevó a que desde la administración surgiera la propuesta de impedir su ingreso. Yo no estuve de acuerdo con excluirlos completamente porque sé que muchos son recursantes y no quiero afectar su cursado, pero propuse bloquear sólo su publicidad.
Luego de la expulsión de algunos miembros suyos, buscaron dialogar a través de un integrante que también pertenece a nuestra organización. Su intención era aclarar lo sucedido, pero nuestro compañero recibió respuestas despectivas por parte de una administradora de Acción Colectiva, que minimizó nuestro trabajo alegando que ellos “tienen contacto con los docentes y la institución”, como si eso les diera superioridad.
Para aclarar: nosotros también tenemos contacto con docentes y con la institución, pero no lo usamos para obtener poder. No intervenimos en los procesos administrativos, no buscamos espacios físicos para convertirlos en centros de adoctrinamiento y no imponemos ideologías a los estudiantes. Nuestro objetivo es ayudar, no apropiarnos del recorrido académico de nadie.
Nuestro espacio existe para acompañar al estudiante, para facilitarle el acceso a la información y para reconocer las habilidades de quienes desean aportar. No necesitamos propaganda para crecer; organizamos los grupos y dejamos que los estudiantes decidan cómo usarlos. Después de todo lo vivido, una de nuestras reglas es que los administradores pueden ser tantos como las cohortes necesiten, siempre y cuando los dueños de los grupos pertenezcan a la organización. Nunca más queremos repetir expulsiones ideológicas.
La decisión de impedir la promoción de otros grupos fue dolorosa, pero nos empujaron hacia ella. Nos ningunearon mientras se promocionaban dentro del sistema de comunicación que nosotros construimos. Habrá diálogo posible cuando exista un reconocimiento mutuo, pero hoy sabemos que ellos no nos consideran sus pares.
Podrán seguir en nuestros grupos, pero no podrán usarlos como plataformas de publicidad. Las reglas ya están establecidas y los incumplimientos reiterados llevarán a la expulsión.
Nuestro compromiso es, y seguirá siendo, con los estudiantes. No con quienes buscan ocupar nuestros espacios para impulsar los suyos.
Comentarios
Publicar un comentario